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viernes, 12 de marzo de 2010

..El lago...

Tú que con tu cara desconcertada te acercaste a mí en aquel parque, brindándome tu ayuda sin conocerme, me escuchaste, no me preguntaste nada, te conformaste únicamente con lo que yo dije. Me acosijaste con un abrazo cálido y un silencio conmovedor, dejando así correr libremente mis lágrimas.
Yo que el cariño no lo sentía, en ese momento, ese acto lo hice tan mí, deje que todas las sensaciones se encontraran y una bomba de sentimientos formara, liberando así todas las tensiones.
Después con más calma una vuelta por el denso bosque hicimos, contemplando las nubes, contemplando la luna, contemplando la muerte…
Siendo ambos unos completos extraños, charlamos sobre la vida, y de lo irónico de nuestro primer encuentro; el que por lo mismo estaba pasando en ese instante, me apoyo, conmoviéndose de mi tristeza, se recupero, ahora a la orilla del lago sentado, entre las hojas marchitas de este crudo otoño dándonos un abrazo silencioso, nos sentimos “queridos” mutuamente.
No sabemos nuestros nombres, ni edad, o de donde venimos, eso no importa, lo que importa es el nuevo bienestar.
Cuando mas tranquilos estamos, tan solo contemplamos las amorfas figuras del reflejo del lago, y creamos nuevas con nuestra percepción, no buscamos mas que consuelo en el aire, y lo encontramos al mirarnos directo a los ojos, encontramos todo lo que necesitábamos, en esa fugaz mirada, encontramos comprensión y un nuevo cariño, que pese a las escasas horas que tiene, es mas fuerte que cualquier otro.
Nunca mas esa sensación de soledad por mas rodeados y queridos que estemos.
No más ese suicidio silencioso que día a día nos hunde más y más.
No más ese vació profundo, no más esas sensaciones enfermizas… no más
Ahora despertaremos sin dormir, sin siquiera parpadear, no nos moveremos de ese maravilloso lugar. Contemplaremos la noche hasta que caiga y el amanecer se aproxime para así continuar con el nuevo día.
Nuevo como nuestras vidas, ambos sin decirlo sabemos que juntos construiremos las primeras estrofas de ese poema incierto que es nuestra alma marchita, que esta luchando por resurgir de las cenizas, tal como el ave fénix, igual de inmortal. Viajeros de la noche seremos, amantes de la oscuridad, en donde nada ni nadie nos podrán dañar.
Y la luna de inmensa belleza y paz no velara en nuestra travesía y siempre el camino iluminara.
En las sombras me ocultare, jamás a la luz de nuevo saldré y a tu lado se que siempre permaneceré.
Y cuando la recaída inevitable haga acto de presencia nos acompañaremos dándonos ese mortal abrazo, moriremos unidos, moriremos acompañados, no más soledad… ni siquiera en la muerte… no más!

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